El día en que ella sonrió para mí fue el día más feliz de mi vida. Había olvidado lo que se sentía ser amado por alguien más, sentir que el vacío de mi copa, se llenaba. En este mundo, todos cargamos con una especial que se crea justo en el momento en el que nacemos, un ritual muy puro y hermoso lleno de secretos y belleza. Nuestras copas, nos acompañan en toda nuestra larga vida y se van llenando con vino de experiencia, de conocimientos, de gustos, y de más. Cada copa tiene diferente tamaño, dependiendo de la capacidad o necesidad de la persona.
Cuando alguien adquiere una experiencia nueva, el vino místico de la sabiduría se vierte en la copa dando una sensación de placer y auto reconocimiento. Lamentablemente, hay muchas personas que en lugar de tratar de llenar sus copas, las vacían por rencor, traición, ignorancia y difícilmente se pueden volver a llenar.
También existen aquellos crueles que su trabajo es quebrar las copas de los demás, dejándolos moribundos y deprimidos para siempre.
Pero, cada quien elije qué le viertes a tu copa, puede estar repleta de avaricia, de miedo, de sangre, de esperanza. En mi caso, yo decidí llenarla de amor y aprender de aquél error que me condujo a vaciar toda mi copa por completo.
La copa es la vida misma. Y tú elijes si la quiebras, o, si la vuelves a crear. Un brindis por aquellos que la tienen llena de amor y que tienen a alguien especial con quien compartir ese preciado vino.
~MIG~
